Friday, March 20, 2009

Fichines



Benmergui considera que el eje debe centrarse en la interactividad: “La variable jugador, que icónicamente podríamos resumirla en un controlador (joysticks, teclados y después), es esencial porque es la que te permite interactuar con la obra como no podés interactuar con el cine, por ejemplo”. De ese argumento se valen los detractores para señalar que un juego no puede ser una obra. Y esto tiene que ver con aquella clásica definición de arte según la cual, a grandes rasgos, una obra tiene estatuto artístico cuando tiene un valor agregado a su utilidad como objeto (la lata de Sopa Campbell’s de Warhol; el mingitorio de Duchamp, otra vez). Es decir, cuando hay resignificación como la que provoca que una cuchara vaya a la vitrina y no a la mesa. Sí, el debate es dialéctico y admite elementos semiológicos: la acción de controlar un universo ficcional con un mando a distancia como interpretante; los escenarios, la música, los personajes y el guión como representantes de este signo, el de los videojuegos. En el jugador, una semiosis ilimitada. Aunque, dicen los que saben, “las posibilidades son finitas, aunque haya trillones de combinaciones”.

Extraído de acá


2 comments:

{ maría } said...

jaja buenisimo

leo said...

gracias!